
Guía de espacios
Bodas en Bizkaia: cómo suena la música en cada tipo de espacio
El mismo repertorio suena distinto en un caserío de Muxika que en una terraza de Getxo. Esto es lo que cambia en cada tipo de espacio y qué conviene preguntar antes de reservar.
Cuando alguien me escribe desde Bizkaia, lo primero que pregunto es dónde se casa exactamente. El espacio condiciona la música más que el repertorio, y por eso conviene pensarlo antes de reservar.
La provincia tiene una variedad de sitios poco habitual para su tamaño: caseríos rehabilitados a veinte minutos de la ciudad, palacios y torres medievales, restaurantes con la ría debajo, terrazas sobre el Abra, sidrerías y txokos. Cada uno tiene su acústica y su problema propio.
Esta guía parte de sitios donde he montado equipo, entre ellos el Gran Hotel Domine de Bilbao (hoy The Artist, Grand Hotel of Art), donde toqué una temporada de julio a septiembre de 2022, el Palacio Urgoiti de Mungia, el Castillo de Arteaga, el Hotel Embarcadero de Getxo, el Palacio de San Miguel de Sodupe, la Real Sociedad de Golf de Neguri y el Casino Kursaal de Donostia.
El caserío rehabilitado
Es el espacio más pedido del interior de Bizkaia y uno de los más agradecidos para el sonido. Tiene piedra en las paredes, madera en vigas y suelo y techos altos con la estructura a la vista.
La piedra devuelve el sonido y la madera absorbe los agudos, de modo que todo suena con cuerpo pero sin dureza. Una voz y una guitarra suenan grandes sin subir el volumen.
Lo que hay que mirar en un caserío es la corriente eléctrica. Muchos se rehabilitaron para dar de comer, no para montar equipos, y la línea del comedor puede compartirse con las cámaras de la cocina. Un equipo de sonido enchufado junto a un abatidor de temperatura puede producir un zumbido que dure toda la noche. La pregunta para el espacio es si hay una toma independiente cerca de donde se va a tocar.
El palacio, la torre y la casona
Aquí hay que quitar sonido en lugar de ponerlo. Un salón con techos de cinco metros y piedra desnuda tiene mucha reverberación: queda muy bien para una voz sola y mal para un trío con percusión, porque cada golpe de cajón se alarga un par de segundos y se mezcla con el siguiente.
En estos salones lucen el solo y el dúo. El trío necesita colocarse más junto, con la percusión más baja que de costumbre y con un tempo algo más lento, para que cada nota tenga hueco.
Además, en un edificio protegido a veces no se puede taladrar, colgar nada ni mover ciertos muebles, y eso condiciona dónde se monta la música. Se pregunta con tiempo, no el mismo día.
La finca o la terraza con vistas al Abra
Getxo, Sopela, Plentzia: todo el arco que mira al mar. Son de los espacios más fotogénicos de Bizkaia y de los más exigentes para el sonido, y mejor saberlo antes de firmar. Hay tres dificultades.
La primera es que no hay paredes. En exterior el sonido sale y no vuelve, así que suena más pequeño y más lejano de lo que es.
La segunda es el viento del Cantábrico, que suele levantarse a media tarde. Mete ruido en los micrófonos y empuja el sonido hacia un lado, de manera que los invitados que quedan a sotavento oyen menos.
La tercera es la humedad marina, que desafina una guitarra de madera en poco tiempo. Cerca del mar hay que reafinar entre canciones.
Se puede hacer, y suena muy bien. La solución no pasa por subir el volumen, porque la gente acaba hablando más alto para taparlo. Funciona mejor poner los altavoces bajos y cerca del público, cerrar el círculo de invitados y elegir canciones con una línea de voz clara y armonía sencilla. Lo que depende de un detalle instrumental pequeño se lo lleva el viento.
El restaurante de la ría y el hotel urbano
Bilbao y su entorno tienen muchos espacios de boda en edificios urbanos: restaurantes con terraza sobre la ría, salones de hotel, edificios reconvertidos. Acústicamente son los más previsibles, porque son espacios cerrados, de tamaño normal y con moqueta o cortinajes que absorben. Suenan bien sin esfuerzo.
El problema es otro: la hora de corte. La normativa de ruido y las comunidades de vecinos pueden fijar un límite más temprano de lo que la pareja imagina. Se pregunta al espacio por la hora exacta a la que hay que bajar el volumen y a la que hay que parar, y la noche se diseña hacia atrás desde ahí.
El txoko y la sidrería
Es el espacio más vizcaíno y el que menos aparece en las guías de bodas, porque no suele ser el del banquete: es donde sigue la celebración cuando el banquete termina.
Aquí la música no acompaña, hace cantar. Un txoko lleno tiene mucho ruido de fondo y una acústica de caja de zapatos, así que los matices sirven de poco. Funcionan el repertorio coreable, el tempo estable y un volumen algo por encima de la conversación, no mucho más. Y mejor tocar de pie y entre la gente que en una esquina como si fuera un escenario, porque la distancia rompe el efecto.
| Espacio | Qué lo hace fácil | Qué vigilar | Formato que mejor encaja |
|---|---|---|---|
| Caserío | Piedra y madera dan cuerpo | La instalación eléctrica | Dúo o trío |
| Palacio o torre | Reverberación bonita | Exceso de reverberación, edificio protegido | Solo o dúo |
| Finca con vistas | La imagen | Viento, humedad, falta de paredes | Solo o dúo, con el equipo cerca |
| Restaurante urbano | Acústica previsible | Hora de corte por ruido | Cualquiera |
| Txoko o sidrería | Ambiente hecho | Mucho ruido de fondo | Trío, tocando entre la gente |
Cuatro preguntas para el espacio
Valen con cualquier músico. Si se las hacéis al responsable del sitio y pasáis las respuestas, buena parte de la preparación está hecha.
Para preguntar antes de firmar el espacio
- ¿Hay una toma de corriente independiente cerca de donde va a sonar la música, y de cuántos amperios?
- ¿A qué hora hay que bajar el volumen y a qué hora hay que parar? Con hora exacta, no «sobre las dos».
- Si la ceremonia es en exterior, ¿cuál es el plan B de lluvia, quién decide y a qué hora se activa?
- ¿Ceremonia y banquete están en el mismo edificio? Si no, ¿cuánto se tarda en pasar de uno a otro con el material?
La última se pasa por alto con frecuencia. Una ceremonia en un mirador y un banquete en el salón de abajo suponen dos montajes completos, y ese tiempo tiene que estar en el guion del día para que el cóctel no empiece sin música.
Ir a ver el sitio
Vivo en Castro-Urdiales, a media hora de Bilbao por la A-8 y más cerca de Bizkaia que de Santander. Eso permite ir a ver el espacio antes de la boda, si es posible a la hora a la que os casáis, para oír cómo suena con esa luz y ese viento. Llegar con un montaje pensado ahorra improvisar con el reloj en contra.
Podéis ver cómo trabajo las bodas en Bizkaia, escuchar el repertorio o leer la guía de presupuesto.
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